
El cambio de perspectiva de estable a positiva por parte de Moody’s Ratings para El Salvador representa una señal relevante para el riesgo país, indicador que mide la percepción de los inversionistas sobre la probabilidad de que un Estado incumpla sus obligaciones financieras. Aunque la calificación soberana se mantiene en B3, la mejora en la perspectiva sugiere que las condiciones crediticias podrían fortalecerse en el mediano plazo.
El riesgo país está estrechamente vinculado con la estabilidad fiscal, el nivel de deuda, la capacidad de crecimiento económico y la fortaleza institucional. Cuando una agencia calificadora mejora la perspectiva, envía al mercado el mensaje de que los fundamentos económicos muestran señales de corrección o mejora sostenida. En este caso, Moody’s destaca la consolidación fiscal, la reducción del déficit y menores necesidades de financiamiento como factores clave.
Según la evaluación, el déficit fiscal se redujo en 2025 y se espera que continúe bajando en los próximos años. Esta trayectoria contribuye a estabilizar la deuda pública, que sigue siendo alta, pero con proyección de descenso gradual. Una deuda en trayectoria descendente reduce el riesgo de incumplimiento y mejora la confianza de los inversionistas.

Otro elemento que incide en el riesgo país es la liquidez del gobierno, es decir, su capacidad para cubrir pagos de corto plazo. Moody’s señala que las operaciones de manejo de pasivos y la disminución de deuda de corto plazo han reducido las necesidades de financiamiento, lo que mitiga presiones inmediatas sobre las finanzas públicas.
El crecimiento económico también juega un papel determinante. La agencia estima que el PIB creció con mayor dinamismo en 2025 y que se mantendrá por encima del promedio histórico en 2026. Un mayor crecimiento facilita la recaudación tributaria y mejora la relación deuda/PIB, factores que contribuyen a disminuir la percepción de riesgo.
Además, las mejoras en seguridad pública han sido señaladas como un factor estructural que fortalece la inversión privada y el clima de negocios. Un entorno más estable reduce la incertidumbre y puede atraer capital extranjero, lo que impacta positivamente en la prima de riesgo.

No obstante, el país mantiene desafíos importantes. La deuda pública continúa en niveles elevados en comparación con economías de calificación similar, y el historial de reestructuración de deuda en 2022 sigue siendo un antecedente que los mercados consideran al evaluar el riesgo crediticio. Asimismo, la economía salvadoreña es pequeña y poco diversificada, lo que la hace vulnerable a choques externos, especialmente por su dependencia de Estados Unidos en comercio y remesas.
En términos prácticos, una reducción en el riesgo país puede traducirse en menores tasas de interés para el financiamiento del Estado y, eventualmente, en mejores condiciones de crédito para empresas y consumidores. Sin embargo, esto dependerá de que las mejoras fiscales y económicas se mantengan de forma sostenida y sean percibidas como permanentes por los mercados.
La perspectiva positiva no implica una mejora inmediata en la calificación, pero sí indica que, de continuar la consolidación fiscal y la estabilidad macroeconómica, El Salvador podría fortalecer su perfil crediticio. Para los inversionistas, el mensaje central es que el riesgo soberano muestra señales de moderación, aunque aún enfrenta retos estructurales que requieren seguimiento continuo.
