
En El Salvador se escriben libros, se editan, se imprimen y se venden. Existen editoriales independientes, autores, diseñadores, correctores, imprentas y librerías que sostienen una actividad constante. Sin embargo, esta cadena productiva sigue siendo prácticamente invisible para la política pública y para los sistemas oficiales de medición económica. La industria editorial salvadoreña existe, pero no aparece en las estadísticas.
De acuerdo con análisis de País MYPE, esta situación no es accidental, sino el resultado de una invisibilidad estructural que afecta a buena parte de las micro y pequeñas empresas, particularmente en los sectores creativos. Lo que no se mide no se reconoce, y lo que no se reconoce no se apoya.
Una industria sin fotografía estadística
Actualmente no se cuenta con datos consolidados sobre cuántas editoriales operan en el país, cuánto producen, cuánto venden, cuántos empleos generan o qué nivel de formalización y capacidades tienen. Esta ausencia de información deja al sector fuera de diagnósticos económicos, programas de fortalecimiento productivo, líneas de financiamiento y políticas de desarrollo cultural con enfoque empresarial.
Según País MYPE, esta falta de datos coloca a la industria editorial en una especie de informalidad estadística: funciona, produce y genera valor, pero no logra posicionarse como sector económico relevante porque no hay cifras que respalden su aporte.

Visibilidad sin integración productiva
Los estudios de País MYPE sobre digitalización empresarial muestran un patrón recurrente en las MYPE salvadoreñas: la adopción de herramientas digitales suele comenzar por lo más visible —redes sociales, catálogos en línea, promoción—, mientras que la parte operativa queda rezagada.
La industria editorial no es la excepción. Muchas editoriales tienen presencia digital, pero pocas cuentan con sistemas para vender en línea, cobrar pagos internacionales, gestionar inventarios digitales, registrar metadatos o distribuir sus productos fuera del mercado local. En términos simples, hay vitrina digital, pero no infraestructura productiva digital.
El costo de no ser visibles
La invisibilidad estructural tiene consecuencias directas. Sin datos confiables:
- El sector no puede demostrar su impacto en el empleo
- no puede acceder a programas de apoyo productivo
- no logra integrarse a estrategias de exportación cultural
- ni puede competir en igualdad de condiciones con industrias editoriales de otros países.
País MYPE advierte que esta situación limita el crecimiento del sector y lo mantiene fragmentado, con esfuerzos aislados y sin articulación institucional.
Una oportunidad desaprovechada

A nivel regional, las industrias editoriales más dinámicas han avanzado hacia modelos híbridos que combinan libro físico, libro digital, audiolibros e impresión bajo demanda. Estos modelos permiten ampliar mercados sin grandes inversiones iniciales, una ventaja clave para las MYPE.
En El Salvador, donde el libro impreso conserva un fuerte valor cultural, esta combinación podría ser especialmente efectiva. Sin embargo, sin información básica y sin reconocimiento institucional, el sector no logra dar ese salto.
Medir para existir
La experiencia documentada por País MYPE en otros sectores demuestra que contar con información transforma la toma de decisiones. Medir producción, ventas, empleo y capacidades permite diseñar políticas públicas más precisas, crear servicios compartidos, mejorar la formación técnica y facilitar el acceso a mercados.
Aplicar esta lógica a la industria editorial sería el primer paso para romper con su invisibilidad y convertirla en un sector económico con proyección.
