
El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, figura entre los mandatarios invitados a la cumbre presidencial que se celebrará el próximo 7 de marzo en Miami, convocada por el líder republicano Donald Trump. El encuentro, que tendrá lugar en el hotel Doral, busca consolidar un bloque regional alineado con la estrategia de Estados Unidos frente al creciente peso de China en América Latina.
La participación de Bukele cobra relevancia en un contexto donde Washington intenta fortalecer alianzas con gobiernos que comparten su visión sobre seguridad, comercio e inversión estratégica. De acuerdo con fuentes diplomáticas en la capital estadounidense, el objetivo central de la reunión es coordinar acciones para limitar la influencia china en sectores considerados sensibles, como minerales críticos, infraestructura logística, producción alimentaria y tecnología.
¿Qué implica para El Salvador?
Para la administración salvadoreña, asistir a esta cumbre representa una oportunidad de posicionarse como socio estratégico de Estados Unidos en la región. En los últimos años, El Salvador ha buscado diversificar su matriz económica, atraer inversión extranjera y ampliar su presencia en cadenas globales de valor, particularmente en áreas vinculadas a tecnología e infraestructura.
La agenda del encuentro en Miami estaría estrechamente ligada a la seguridad económica. Washington considera que el control de recursos estratégicos (como litio, cobre y tierras raras) es determinante para la estabilidad energética y la defensa nacional. En ese sentido, los países que respalden la postura estadounidense podrían acceder a mecanismos de financiamiento, cooperación técnica y facilidades de inversión.

Además, el Gobierno salvadoreño ha mostrado interés en fortalecer la cooperación en materia de seguridad y comercio, dos ejes centrales en la política exterior estadounidense.
El trasfondo: minerales, defensa y cadenas de suministro
La cumbre ocurre después de que Estados Unidos impulsara en Washington una reunión global sobre minerales críticos, donde promovió acuerdos para asegurar el suministro de insumos esenciales para la industria tecnológica y militar. Asimismo, la administración republicana publicó una Estrategia de Seguridad Nacional que prioriza la región latinoamericana dentro de su esquema de defensa y establece límites a la influencia de actores extrarregionales.
En esa línea, Trump también anunció la creación de una reserva estratégica de minerales críticos denominada Project Vault, que combinaría financiamiento privado y respaldo del Banco de Exportación e Importación de Estados Unidos (EXIM Bank). Los países aliados tendrían prioridad en la distribución de recursos vinculados a esta iniciativa.
Un bloque con afinidad ideológica
Además de Bukele, han sido invitados Javier Milei (Argentina), Santiago Peña (Paraguay), Rodrigo Paz (Bolivia), Daniel Noboa (Ecuador) y Tito Asfura (Honduras). Estos gobiernos han mostrado cercanía política con la visión republicana en temas como libre mercado, seguridad y reducción de la influencia china en sectores estratégicos.
La reunión también evidenciaría diferencias dentro de América Latina. Mientras algunos países buscan estrechar lazos con Washington bajo esta nueva orientación, otros mantienen relaciones comerciales profundas con Beijing y prefieren una política exterior más equilibrada.

Lo que está en juego
Más allá de la dimensión ideológica, el encuentro en Miami apunta a redefinir el mapa de alianzas económicas en la región. El debate gira en torno a quién controla los recursos naturales, quién financia la infraestructura y bajo qué estándares se desarrollan los proyectos estratégicos.
Para El Salvador, la presencia de Bukele en esta cumbre podría marcar un paso adicional en su acercamiento a Estados Unidos, en un escenario internacional donde la competencia entre potencias condiciona decisiones económicas, tecnológicas y de seguridad.
La cita del 7 de marzo no solo reunirá a presidentes afines, sino que pondrá sobre la mesa el futuro de la influencia geopolítica en América Latina y el papel que cada país está dispuesto a asumir en ese nuevo equilibrio global.
