
El nearshoring se consolida como una de las principales palancas de atracción de inversión extranjera para Centroamérica y América Latina; sin embargo, su éxito depende cada vez menos de la ubicación geográfica y más de la capacidad de los países y las empresas para estructurar modelos fiscales, regulatorios y operativos sólidos, según revela el estudio “Nearshoring como palanca estratégica” de EY.
El análisis regional evidencia que, si bien la región cuenta con ventajas competitivas como cercanía con Estados Unidos, talento humano y experiencia exportadora, persisten brechas críticas en planificación fiscal internacional, armonización normativa y claridad regulatoria, elementos determinantes para la toma de decisiones de inversión.
“Hoy el nearshoring no es una decisión improvisada ni meramente operativa. Las empresas que logran capturar valor son aquellas que integran desde el inicio una estrategia fiscal alineada con su modelo de negocio, su cadena de suministro y las regulaciones internacionales”, señaló Alejandra Arguedas, Tax Associate Partner de EY.

El estudio destaca que las compañías que implementan el nearshoring de manera fragmentada enfrentan mayores riesgos de sobrecostos, reprocesos y contingencias tributarias, mientras que aquellas que lo conciben como una estrategia integral de largo plazo logran mayor eficiencia, estabilidad y competitividad.
“Centroamérica tiene una ventana de oportunidad única, pero también una competencia regional intensa. La diferencia la marcará la capacidad de ofrecer certidumbre fiscal, cumplimiento y acompañamiento estratégico al inversionista”, agregó Arguedas.
EY subraya que el nearshoring exitoso requiere una visión B2B sofisticada, donde asesores estratégicos acompañen a las empresas desde la evaluación inicial hasta la implementación y expansión de operaciones.

También destaca que los inversionistas valoran cada vez más la capacidad de los países para ofrecer acompañamiento técnico, estabilidad normativa y una visión de largo plazo, más allá de incentivos fiscales aislados.
En este contexto, el rol de los asesores estratégicos se vuelve clave para ayudar a las empresas a navegar en entornos regulatorios complejos, estructurar operaciones eficientes y garantizar el cumplimiento de estándares internacionales desde el primer momento.
