
Las perspectivas de mediano plazo para el oro se mantienen favorables, con proyecciones que apuntan a nuevos máximos históricos en los próximos años, impulsadas por una demanda sólida y un entorno financiero global incierto.
J.P. Morgan estima que el metal precioso podría alcanzar los US$6,300 por onza hacia finales de 2026, respaldado principalmente por la compra sostenida de bancos centrales y la diversificación de reservas internacionales frente a riesgos geopolíticos y monetarios.
En la misma línea, otras entidades financieras también mantienen previsiones alcistas. Goldman Sachs proyecta que el oro podría cerrar el año en torno a US$5,400 por onza, mientras que Deutsche Bank sitúa su estimación en US$6,000 en el mediano plazo.
Demanda estructural fortalece el mercado
Uno de los principales factores que sostiene estas proyecciones es la compra constante de oro por parte de bancos centrales. En 2025, las adquisiciones globales alcanzaron 863 toneladas, consolidando varios años consecutivos de fuerte acumulación de reservas.

China, por ejemplo, extendió recientemente su racha de compras mensuales, reforzando su estrategia de diversificación frente al dólar estadounidense. Esta tendencia refleja un cambio estructural en la gestión de reservas internacionales, donde el oro gana protagonismo como activo refugio.
ETF y mayor interés inversor
A la demanda oficial se suma el creciente interés de inversionistas institucionales y minoristas. Los fondos cotizados en bolsa (ETF) respaldados por oro registraron en 2025 entradas récord por US$89,000 millones, en un contexto de volatilidad económica y ajustes en las políticas monetarias.
El SPDR Gold Shares, el mayor ETF del mundo vinculado al metal, supera actualmente los US$160,000 millones en activos, lo que evidencia el peso del oro dentro de las estrategias de cobertura y diversificación.

Un activo refugio en tiempos de incertidumbre
Las proyecciones alcistas también se apoyan en factores macroeconómicos como la debilidad del dólar, la moderación en los rendimientos de los bonos y la expectativa de que los bancos centrales mantengan políticas monetarias prudentes ante señales mixtas en el crecimiento global.
En este escenario, el oro continúa consolidándose como un activo clave para proteger valor, y las estimaciones de los grandes bancos de inversión refuerzan la visión de que el ciclo alcista aún podría tener recorrido en los próximos años.
