
América Latina y el Caribe enfrentarán un panorama económico moderado en los próximos años, marcado por desafíos externos e internos que continúan limitando su dinamismo productivo, según la más reciente edición del informe Latin American and Caribbean Economic Outlook, divulgado este 8 de abril de 2026 en Washington.
De acuerdo con el reporte, América Latina y el Caribe (ALC) se prevé que crezcan un 2,1 % en 2026, una desaceleración frente al 2.4% registrado en 2025, mientras que para 2027 se prevé una leve recuperación con un crecimiento nuevamente del 2.4%. Este comportamiento refleja un entorno macroeconómico complejo, caracterizado por altos costos de financiamiento, débil demanda externa e incertidumbre geopolítica, factores que continúan frenando la inversión privada y la generación de empleo.
El informe destaca que, aunque el consumo de los hogares sigue sosteniendo parcialmente la actividad económica, lo hace de forma limitada. En contraste, la inversión privada permanece rezagada debido a un contexto internacional adverso.

Entre los principales factores que inciden en este escenario se encuentran las tasas de interés globales elevadas, la desaceleración económica en países desarrollados y China, la persistente incertidumbre en políticas comerciales y las tensiones geopolíticas, incluyendo conflictos en Oriente Medio. Estos elementos han generado presiones inflacionarias adicionales, especialmente por el aumento en los precios de la energía, lo que podría retrasar la flexibilización de políticas monetarias en la región.
A nivel fiscal, los gobiernos enfrentan restricciones importantes. Aunque los niveles de deuda pública se han estabilizado, siguen siendo elevados en comparación con estándares históricos, y el incremento en los pagos de intereses limita la inversión en infraestructura y programas sociales.
Pese al panorama desafiante, el informe subraya que América Latina y el Caribe cuentan con importantes ventajas estratégicas, como cerca del 50% de las reservas mundiales de litio, un tercio del cobre, una matriz energética relativamente limpia y procesos de reforma en marcha en varios países. Estos activos representan una oportunidad clave para impulsar un crecimiento más sostenible, inclusivo y basado en la productividad.

El Banco Mundial señala que restaurar la confianza empresarial, dinamizar la inversión privada y elevar la productividad serán fundamentales para revertir la desaceleración económica. En esa línea, el informe propone cuatro acciones prioritarias: reducir brechas de habilidades mediante educación y formación técnica; ampliar el acceso al financiamiento y fortalecer los marcos de insolvencia; profundizar la integración comercial para elevar la competitividad; y mejorar la capacidad institucional para diseñar políticas efectivas.
El informe concluye que, si bien el crecimiento proyectado es moderado, la región tiene la capacidad de reorientar su desarrollo económico si logra capitalizar sus recursos y avanzar en reformas estructurales que fomenten la productividad y la generación de empleos de calidad.
