
El precio del oro se aproxima a los US$5.000 por onza, impulsado por un fuerte aumento en la demanda de activos refugio ante la volatilidad en los mercados financieros, las tensiones geopolíticas y la incertidumbre sobre la política económica en Estados Unidos.
El metal precioso se perfila para registrar su mejor desempeño semanal desde 2020, consolidándose como uno de los principales destinos del capital en un contexto de creciente aversión al riesgo.
Wall Street bajo presión y temor de los inversionistas
De acuerdo con Bloomberg Línea, las bolsas estadounidenses iniciaron la última sesión de la semana con pérdidas, encaminándose a completar dos semanas consecutivas de retrocesos. El S&P 500 mostraba una leve caída en la apertura, mientras que el Dow Jones Industrial Average registraba descensos más marcados y el Nasdaq Composite se mantenía estable.
Uno de los principales factores de presión fue el desplome de las acciones de Intel, que cayeron cerca de 13% tras presentar previsiones financieras inferiores a las expectativas del mercado y advertir sobre persistentes problemas en su proceso de fabricación. La empresa reconoció que su recuperación tomará más tiempo de lo previsto, lo que llevó a los inversionistas a reevaluar las perspectivas del sector tecnológico.
Tensiones geopolíticas y riesgos políticos
El nerviosismo en los mercados también estuvo relacionado con tensiones geopolíticas y episodios de incertidumbre política. Las amenazas arancelarias del presidente Donald Trump contra algunos países europeos, vinculadas a una disputa diplomática, generaron volatilidad en los mercados financieros.

Aunque la retórica fue moderada tras gestiones diplomáticas en el Foro Económico Mundial, el episodio puso en evidencia la sensibilidad de los mercados ante decisiones políticas impredecibles.
Salidas de capital y rotación hacia otros mercados
De acuerdo con datos de Bank of America, los fondos de renta variable en Estados Unidos registraron salidas cercanas a US$17.000 millones, mientras que Europa y Japón concentraron la mayor parte de las entradas de capital en lo que va del año.
Este movimiento refleja una rotación de portafolios hacia otros mercados desarrollados y emergentes, en detrimento de las acciones estadounidenses, que han perdido atractivo relativo para algunos inversionistas globales.
Oro y materias primas como refugio
En este contexto, el oro se convirtió en el principal protagonista, beneficiándose de la búsqueda de activos de resguardo. Analistas atribuyen su repunte a la combinación de riesgos geopolíticos, dudas sobre la independencia de la Reserva Federal y un dólar más débil.
Además del oro, otras materias primas mostraron movimientos significativos. El cobre avanzó hacia niveles cercanos a US$13.000 por tonelada, impulsado por interrupciones en la oferta, demanda vinculada a la electrificación y envíos anticipados ante el riesgo de nuevos aranceles. El petróleo también encontró apoyo en la debilidad del dólar, pese a las preocupaciones por un posible exceso de oferta global.

Volatilidad en mercados agrícolas y energéticos
El clima extremo en Estados Unidos añadió presión a los mercados de materias primas. Los futuros del gas natural registraron un fuerte repunte ante previsiones de temperaturas muy por debajo de lo normal, mientras que el trigo subió ante el temor de daños a cultivos por heladas en Estados Unidos y Rusia.
Estos movimientos han reforzado la percepción de que la volatilidad se ha extendido de forma transversal a los mercados financieros y de commodities.
Un cambio en el comportamiento del capital global
El ascenso del oro hacia niveles históricos sugiere un cambio en el comportamiento de los inversionistas, que están aumentando su exposición a activos considerados seguros en un entorno de incertidumbre macroeconómica, tensiones geopolíticas y cuestionamientos sobre el orden económico global.
