
El último año ha sido uno de los más turbulentos para el comercio global; alianzas tradicionales se vieron sometidas a presión y se reevaluaron las relaciones comerciales, no solo entre socios geopolíticamente distantes, sino también entre aliados históricos. A pesar de ello, el comercio se ha orientado cada vez más hacia economías con mayor afinidad, mientras continúa creciendo en línea con la producción global.
Esta reconfiguración, documentada en los últimos tres años por McKinsey Global Institute (MGI), se acentuó en 2025, cuando las tasas arancelarias de Estados Unidos alcanzaron su nivel más alto desde la Segunda Guerra Mundial. Los incrementos no solo profundizaron una realineación ya en curso, sino que también desplazaron más de 165 mil millones de dólares del corredor comercial entre Estados Unidos y China, evidenciando cómo los aranceles se propagaron a través de la red comercial junto con otras fuerzas clave como la inteligencia artificial (IA) y el crecimiento de los mercados emergentes.
Sin embargo, el 2025 también desafió las expectativas. A pesar del aumento de los aranceles, el comercio global no se contrajo; tanto las importaciones de Estados Unidos como las exportaciones de China alcanzaron nuevos máximos. De hecho, Estados Unidos se consolidó como el principal motor del crecimiento de las importaciones globales, impulsado en gran medida por la acumulación anticipada de inventarios frente a los aranceles, así como por la creciente demanda de infraestructura tecnológica asociada a la IA.
En este contexto, MGI destaca las siguientes perspectivas clave sobre la evolución del comercio global:
- El comercio global desafió las expectativas en 2025. A pesar de un entorno marcado por tensiones geopolíticas y mayores aranceles, los flujos comerciales no solo se mantuvieron resilientes, sino que se expandieron a un ritmo superior al del crecimiento global, impulsados por una reconfiguración hacia socios con mayor afinidad geopolítica.
- La inteligencia artificial se consolidó como un motor clave del comercio. Las exportaciones de semiconductores y equipos para centros de datos representaron un tercio del crecimiento del comercio mundial, ya que los centros asiáticos abastecieron a mercados de todo el mundo, en particular a Estados Unidos.
- China reforzó su rol como proveedor de insumos industriales a nivel global. Al aumentar sus exportaciones de componentes y bienes de capital hacia economías emergentes, se consolida como una “fábrica para fábricas” que abastece a centros de manufactura avanzada.
- Los aranceles aceleraron la reconfiguración de los flujos comerciales. El comercio entre Estados Unidos y China cayó cerca de un 30%, con Estados Unidos sustituyendo gran parte de estas importaciones por otros mercados, mientras exportadores chinos redujeron precios para acceder a nuevos destinos.
- La volatilidad de corto plazo exige mayor capacidad de adaptación. Los cambios arancelarios en 2025 fueron abruptos, y este año ya muestra nuevas disrupciones, lo que refuerza la necesidad de combinar visión estratégica de largo plazo con agilidad operativa.
Economías emergentes: oportunidades a lo largo del espectro geopolítico
Las economías emergentes desempeñaron un papel clave en la reconfiguración del comercio global, encontrando oportunidades a lo largo de todo el espectro geopolítico. En 2025, las decisiones comerciales estuvieron impulsadas principalmente por prioridades de desarrollo interno, lo que permitió a economías como la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), India y Brasil diversificar sus relaciones comerciales. Estos movimientos compensaron cambios entre socios, manteniendo relativamente estables las distancias geopolíticas promedio, aun cuando aumentaban las distancias geográficas.
La forma en que esto se materializó varió según las fortalezas de cada economía. ASEAN, por ejemplo, consolidó su posición como hub manufacturero, incrementando la importación de insumos desde China y las exportaciones de bienes finales hacia Estados Unidos. En India, el comercio acompañó un sólido crecimiento interno, aunque las exportaciones se mantuvieron en gran medida estables, con la excepción del sector de smartphones, donde el país llegó a cubrir cerca de la mitad de la demanda estadounidense previamente abastecida por China. Brasil, por su parte, destacó como uno de los pocos países en expandir significativamente sus exportaciones hacia China, principalmente reemplazando commodities que anteriormente provenían de Estados Unidos.
A su vez, si bien algunas categorías, especialmente bienes ligeramente procesados como madera, muebles o hierro, se vieron afectadas por la anticipación de nuevos aranceles en Estados Unidos y por regulaciones ambientales más estrictas en Europa, sectores de manufactura más avanzada mostraron un crecimiento más sólido. En particular, casi un tercio del crecimiento exportador provino del sector automotriz, impulsado por mayores envíos a Argentina tras la reducción de barreras comerciales, lo que sugiere un mayor potencial para profundizar el comercio intrarregional en América Latina, donde aún persisten amplios espacios de crecimiento.
Este dinamismo también se ve reforzado por una mayor diversificación en la demanda global. La Unión Europea, por ejemplo, ha ampliado sus relaciones comerciales más allá de sus socios tradicionales, incrementando tanto sus exportaciones hacia mercados emergentes como sus importaciones desde regiones como América Latina. En particular, la región ha ganado relevancia como destino para exportaciones europeas de mayor valor agregado, como equipos médicos y científicos, a medida que consolida su rol como proveedor estratégico de productos agrícolas, metales y minerales. En conjunto, estos flujos apuntan a una mayor integración de Latinoamérica en una red comercial global más diversificada y multipolar.
En conjunto, el 2025 evidenció una reconfiguración acelerada del comercio global, marcada tanto por choques de corto plazo como por fuerzas estructurales de mayor alcance. El resultado fue un año desigual: crecimiento sólido del comercio acompañado de una realineación geopolítica, fuertes variaciones intra-anuales en las importaciones de Estados Unidos, exportaciones récord de China pese a debilidades en algunas categorías clave, una Europa presionada en múltiples frentes y nuevas oportunidades para economías emergentes.
Para las empresas, este entorno exige responder simultáneamente a cambios estructurales de largo plazo y a disrupciones de corto plazo. Los ajustes derivados de los aranceles ilustran la velocidad de adaptación necesaria. En este contexto, para el McKinsey Global Institute, los líderes que logren sobresalir serán aquellos capaces de posicionarse frente a cambios estructurales duraderos, mientras que mantienen la agilidad para responder a disrupciones inmediatas, ajustando continuamente sus apuestas entre corredores comerciales a medida que evoluciona la evidencia.
