
Un informe reciente de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) pone el foco en una de las principales debilidades estructurales de América Latina y el Caribe (ALC): la limitada participación de su población en empleos de mayor valor agregado. Según el estudio, apenas el 2,1% de la población ocupada trabaja en sectores de alta y media tecnología, mientras que solo el 45% cuenta con empleos formales, una combinación que frena la productividad y el crecimiento sostenible de la región.
El documento, Perspectivas económicas de América Latina 2025: Impulsando y financiando la transformación productiva, advierte que esta estructura laboral refleja un rezago en la capacidad de las economías de ALC para integrarse en actividades intensivas en conocimiento. La baja proporción de empleo tecnológico contrasta con los países de la OCDE, donde cerca del 7,7% de los trabajadores se desempeña en sectores de media y alta tecnología, lo que explica en parte las diferencias de productividad e ingresos.
La elevada informalidad laboral es otro factor determinante. Con más de la mitad de los trabajadores fuera del empleo formal, los ingresos son más inestables, se reduce la recaudación fiscal y se limita la inversión en innovación y capacitación. Esta realidad dificulta la transición hacia modelos productivos más sofisticados y con mayor valor agregado.

La OCDE señala que para revertir esta situación es necesario fortalecer las políticas de desarrollo productivo, ampliar la formación de competencias y consolidar sistemas de innovación más robustos. Sin embargo, la región destina en promedio solo el 0,5% de su PIB a este tipo de políticas, muy por debajo de los niveles observados en las economías avanzadas, lo que restringe el impacto de las estrategias orientadas a mejorar la calidad del empleo.
A pesar de los desafíos, el informe identifica oportunidades. El crecimiento de la inversión extranjera directa en sectores como energías renovables, infraestructura digital e industrias tecnológicas abre espacios para generar empleo formal y especializado. Asimismo, el papel de los bancos de desarrollo y de las instituciones de financiamiento del desarrollo ha ganado relevancia, especialmente en el apoyo a las micro, pequeñas y medianas empresas, que son clave para ampliar el empleo formal.

El organismo internacional subraya que la cooperación regional puede ser un catalizador para el cambio. La coordinación de políticas, la integración de mercados y la inversión conjunta en infraestructura y conectividad digital permitirían crear un entorno más favorable para industrias tecnológicas y empleos de mayor calidad.
En síntesis, la OCDE concluye que el bajo peso del empleo en sectores de alta y media tecnología, junto con una formalización laboral insuficiente, limita la transformación productiva de América Latina y el Caribe. Superar estas brechas será esencial para elevar la productividad, atraer inversión y avanzar hacia un crecimiento más inclusivo y sostenible.
