
El Salvador ha logrado importantes avances en infraestructura digital y conectividad; sin embargo, una barrera menos visible continúa limitando el crecimiento sostenible de miles de micro y pequeñas empresas (MYPE): la autoexclusión financiera. Así lo evidencian los resultados del Informe MYPE 2025, la Encuesta Nacional de Inclusión y Educación Financiera (ENIEF) 2025 y el V Censo Agropecuario y I de Pesca.
Los datos revelan una paradoja significativa. Aunque el país ha fortalecido su ecosistema digital, una gran parte de los sectores productivos aún permanece fuera del sistema financiero formal, no por falta de acceso, sino por la decisión de no solicitarlo.
Uno de los hallazgos más relevantes del censo agropecuario muestra que el 94.8% de los productores del sector pesca no solicitó crédito formal. No obstante, entre quienes sí lo hicieron, el 91.2% obtuvo aprobación. Este contraste pone en evidencia que el principal obstáculo no es el rechazo, sino el temor o la percepción de que el sistema financiero es inaccesible.

Especialistas señalan que esta autoexclusión está vinculada a factores como la falta de educación financiera, el desconocimiento de los requisitos y la ausencia de registros contables formales. Para muchos microempresarios, el sistema bancario sigue percibiéndose como complejo y distante de su realidad productiva.
Como consecuencia, numerosos emprendedores recurren al crédito informal, que según el Informe MYPE 2025 alcanza un volumen anual de US$1,251.5 millones. Estas fuentes de financiamiento operan con tasas extremadamente elevadas, que en promedio pueden llegar al 1,869%, reduciendo significativamente la rentabilidad de los negocios y limitando su capacidad de crecimiento.
En paralelo, el país presenta un alto nivel de conectividad. La ENIEF 2025 indica que el 90.2% de la población tiene acceso a internet, mientras que el 82.9% de las MYPE utiliza WhatsApp como canal de ventas. Sin embargo, el 45.8% de los negocios aún no ha digitalizado sus procesos administrativos, lo que dificulta generar historial financiero y acceder a créditos formales.

Este escenario refleja una brecha entre la conectividad social y la madurez en la gestión empresarial. La falta de trazabilidad digital limita la capacidad de las instituciones financieras para evaluar el riesgo crediticio de forma adecuada y reduce las oportunidades de financiamiento formal.
Ante este panorama, expertos coinciden en que el país enfrenta un desafío estructural que requiere la participación coordinada del sector financiero, el Gobierno y los propios empresarios. Entre las medidas clave se encuentra el fortalecimiento de la educación financiera, la promoción de herramientas digitales de gestión y la implementación de nuevos modelos de evaluación crediticia más inclusivos.

Asimismo, iniciativas como la digitalización de transacciones y el uso de plataformas electrónicas de pago podrían contribuir a formalizar la actividad económica de miles de microempresas y facilitar su acceso al sistema financiero.
La inclusión financiera se perfila como un elemento fundamental para transformar el crecimiento microeconómico en desarrollo sostenible. Reducir la autoexclusión permitirá que más emprendedores accedan a financiamiento formal, fortalezcan sus negocios y contribuyan de manera más activa al dinamismo económico nacional.
Los datos disponibles confirman que El Salvador cuenta con la base tecnológica necesaria. El reto ahora es cerrar la brecha entre la conectividad digital y la integración financiera, para que las MYPE puedan convertirse en un motor más sólido del desarrollo económico del país.
