
El inicio del año académico representa un reto económico para miles de estudiantes universitarios y sus familias, especialmente para quienes cuentan con recursos limitados. Matrícula, mensualidades, transporte, alimentación, materiales de estudio y acceso a tecnología son algunos de los gastos que se acumulan en las primeras semanas de clases, por lo que una planificación adecuada se vuelve clave para evitar el abandono de los estudios.
Uno de los primeros pasos para enfrentar este desafío es identificar y priorizar los gastos esenciales. La matrícula, los aranceles académicos y los materiales básicos deben ubicarse en el primer lugar del presupuesto. Diferenciar entre gastos necesarios y aquellos que pueden postergarse o reducirse permite administrar mejor los ingresos disponibles y evitar endeudamientos innecesarios.
Otra alternativa importante es informarse sobre becas, ayudas económicas y programas de apoyo estudiantil que ofrecen las universidades, el Estado o instituciones privadas. Muchas casas de estudio cuentan con descuentos por rendimiento académico, apoyo socioeconómico o facilidades de pago que pueden aliviar la carga financiera. También existen organizaciones y fundaciones que brindan becas parciales para transporte, alimentación o materiales educativos.

El uso eficiente de los recursos es otro factor determinante. Optar por libros de segunda mano, compartir materiales con compañeros, utilizar bibliotecas físicas y digitales, y aprovechar plataformas gratuitas de estudio puede representar un ahorro significativo. En cuanto a tecnología, algunos centros educativos ofrecen préstamos de equipos o acceso a salas de cómputo, lo que reduce la necesidad de invertir en dispositivos propios.
El transporte y la alimentación suelen ser gastos diarios que, acumulados, impactan el presupuesto mensual. Caminar, utilizar transporte colectivo, compartir viajes o buscar rutas más económicas ayuda a reducir costos. Preparar alimentos en casa y evitar compras frecuentes fuera del campus también permite ahorrar y mantener una alimentación más equilibrada.
Para muchos estudiantes, combinar estudio y trabajo se convierte en una opción necesaria. Los empleos de medio tiempo, trabajos temporales o actividades freelance pueden generar ingresos adicionales sin afectar el rendimiento académico, siempre que se mantenga un equilibrio entre las responsabilidades laborales y los estudios. Algunas universidades incluso ofrecen oportunidades de empleo interno adaptadas a los horarios estudiantiles.

La educación financiera juega un papel clave en esta etapa. Llevar un registro de ingresos y gastos, establecer límites claros y evitar el uso excesivo del crédito ayuda a mantener el control del dinero. En caso de recurrir a préstamos educativos o créditos, es importante conocer las condiciones, tasas de interés y plazos de pago para evitar comprometer las finanzas a largo plazo.
Finalmente, el apoyo familiar y comunitario sigue siendo un pilar fundamental. Dialogar abiertamente sobre la situación económica, compartir responsabilidades y buscar soluciones conjuntas permite enfrentar mejor los retos financieros. Además, el acompañamiento emocional es vital para que los estudiantes no abandonen sus metas académicas por dificultades económicas temporales.
Afrontar los gastos universitarios con pocos recursos requiere organización, disciplina y acceso a información oportuna. Con planificación y el aprovechamiento de las oportunidades disponibles, continuar los estudios superiores es posible, incluso en contextos económicos complejos.
