
La inversión extranjera directa (IED) en América Latina y el Caribe alcanzó el 2.8% del PIB en 2024, concentrándose principalmente en energías renovables, infraestructura digital e industrias intensivas en tecnología, de acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Este flujo de capital se ha convertido en un factor clave para impulsar la modernización económica y avanzar en la transformación productiva de la región.
Según el informe Perspectivas económicas de América Latina 2025: Impulsando y financiando la transformación productiva, la IED no solo aporta recursos financieros, sino que también facilita la transferencia de tecnología, conocimientos y prácticas productivas, elementos fundamentales para elevar la productividad y diversificar las economías, tradicionalmente dependientes de actividades de bajo valor agregado.
Uno de los sectores más beneficiados es el de energías renovables, impulsado por la disponibilidad de recursos naturales y por la creciente demanda global de proyectos alineados con la transición hacia economías bajas en carbono. A la par, la inversión en infraestructura digital ha ganado relevancia por su impacto en la conectividad, la competitividad y la integración regional.

La OCDE también destaca el aumento de la inversión en industrias intensivas en tecnología, que ofrecen mayor potencial para generar empleos de calidad y fortalecer los sistemas de innovación. Sin embargo, el organismo advierte que el impacto de estos flujos podría ampliarse si se refuerza la articulación entre la inversión extranjera, las políticas de desarrollo productivo y la formación de capital humano.
Pese a estos avances, persisten desafíos estructurales como la alta informalidad laboral y la baja proporción de empleo en sectores de media y alta tecnología, lo que limita la capacidad de la región para aprovechar plenamente los beneficios de la IED. Además, los mercados financieros poco profundos dificultan el acceso a financiamiento complementario para escalar proyectos productivos.

En este contexto, la OCDE subraya la necesidad de marcos regulatorios estables, políticas públicas coherentes y mayor cooperación regional para atraer inversión de largo plazo. La coordinación en áreas estratégicas como energía, transporte y conectividad digital permitiría maximizar el impacto de la inversión extranjera en el crecimiento económico.
En conclusión, la IED se perfila como un pilar relevante para el desarrollo de América Latina y el Caribe. Su orientación hacia sectores estratégicos ofrece una oportunidad para impulsar la productividad, generar empleo de mayor calidad y avanzar hacia un crecimiento más sostenible e inclusivo.
