
En los últimos años, la digitalización de los servicios financieros se ha promovido como una vía directa hacia la inclusión financiera empresarial. Sin embargo, esta relación no es automática, especialmente en el segmento de la micro y pequeña empresa (MYPE), donde el uso del efectivo continúa siendo predominante.
En El Salvador, donde cerca de 9 de cada 10 empresas pertenecen a este sector, la adopción de herramientas digitales no ha logrado desplazar el uso del dinero en efectivo. Así lo evidencian datos de la revista digital Mi País MYPE de FUSAI, que muestran una marcada brecha entre la disponibilidad de soluciones financieras y su uso real en la operación diaria de los negocios.
Adopción digital limitada y uso intensivo de efectivo
De acuerdo con el estudio El Estado de la MYPE 2025, solo el 26.3% de los empresarios utiliza herramientas digitales para gestionar sus finanzas, mientras que el 73.7% continúa operando principalmente en efectivo. Aunque en la última década se han ampliado las opciones de pagos electrónicos, estos avances se concentran en una minoría del sector.
Incluso entre quienes poseen cuentas bancarias —alrededor del 50.2%—, estas no siempre se integran a la dinámica cotidiana del negocio. En muchos casos, funcionan únicamente como un canal de entrada de dinero, cuyos fondos son retirados casi de inmediato en efectivo, un fenómeno conocido como “cash-out”.
Más que acceso, un problema de diseño
Especialistas coinciden en que el principal obstáculo no es la falta de acceso a servicios financieros, sino la desconexión entre estos productos y las necesidades reales de los microempresarios.
Luis Castillo, director del Observatorio MYPE, señala que las herramientas digitales actuales no están diseñadas para la escala ni para las capacidades administrativas de este segmento, lo que genera barreras operativas para su adopción.
Por su parte, David Robles, experto en digitalización de la OEI, enfatiza que el enfoque ha sido equivocado: la digitalización se ha impulsado desde el producto y no desde el uso cotidiano. Es decir, se prioriza la oferta tecnológica sin considerar cómo operan los negocios en su día a día.

El efectivo como herramienta funcional
Lejos de ser solo una costumbre, el efectivo cumple una función clave en la operación de las MYPE, ya que permite un control inmediato del flujo de dinero y facilita la compra de insumos esenciales.
Para muchos microempresarios de subsistencia, la liquidez inmediata es indispensable para mantener sus actividades. Cuando los instrumentos digitales no ofrecen ventajas claras en términos de rapidez, costos o simplicidad, el efectivo continúa siendo la opción más funcional.
Brechas según tipo de negocio
El nivel de adopción digital varía según el tamaño del negocio, su grado de formalidad y la actividad económica. En las MYPE de subsistencia, por ejemplo, el uso de herramientas digitales aumenta únicamente cuando estas son accesibles desde el teléfono móvil y se adaptan a su entorno cotidiano.
Los datos también reflejan que la digitalización avanza cuando las soluciones reducen fricciones en tiempo, costos y complejidad. De lo contrario, el efectivo sigue predominando en la operación diaria.
Lecciones internacionales
Experiencias internacionales muestran que el éxito de la digitalización no depende únicamente de la tecnología, sino de su capacidad de integrarse al uso cotidiano. En Brasil, el sistema de pagos instantáneos Pix ha logrado una adopción masiva al ofrecer transacciones rápidas, gratuitas y fáciles de usar desde el celular.

Como resultado, el uso del efectivo en ese país se redujo significativamente en pocos años. En contraste, en El Salvador el 73.5% de los microempresarios de subsistencia continúa dependiendo del efectivo para sus operaciones.
Un desafío de enfoque
Los hallazgos apuntan a una conclusión clara: digitalizar no es sinónimo de bancarizar. La inclusión financiera en la MYPE requiere un cambio de enfoque, donde las soluciones se diseñen a partir de la realidad operativa de los negocios y no únicamente desde la oferta tecnológica.
El reto, según los datos de la revista digital Mi País MYPE de FUSAI, es desarrollar herramientas más simples, accesibles e interoperables, capaces de acompañar de forma gradual la transición del efectivo hacia medios digitales.
Mientras esta brecha de enfoque no se cierre, la digitalización seguirá siendo más una aspiración que una realidad para la mayoría de las micro y pequeñas empresas en El Salvador.
