
El programa “Sembrando Vida”, en su segunda fase, contempla la entrega de un apoyo económico mensual de US$114 dólares durante ocho meses, además de insumos agrícolas, plantas y herramientas. A esto se suma el acompañamiento técnico mediante capacitaciones especializadas, con el objetivo de fortalecer las capacidades productivas de los beneficiarios y mejorar sus ingresos en El Salvador.
La iniciativa, impulsada por el Gobierno salvadoreño con el respaldo de la cooperación internacional de México, busca beneficiar a alrededor de 10,000 agricultores en 11 departamentos del país, con énfasis en personas en situación de retorno. En el departamento de La Libertad, donde se realizó el lanzamiento, ya se reportan 320 participantes inscritos.
En la actividad participaron la viceministra de Relaciones Exteriores, Adriana Mira; el embajador de México en El Salvador, Ricardo Cantú; la directora de la Escuela Nacional de Agricultura, Odette Varela; y la directora ejecutiva de la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo, Alejandra Del Moral Vela.

Las autoridades destacaron que esta segunda fase consolida un modelo de desarrollo productivo que combina apoyo directo, formación técnica y fortalecimiento del sector rural. En la primera etapa, los beneficiarios adquirieron conocimientos que ahora les permiten mejorar sus parcelas y generar mayores ingresos.
Como parte de la estrategia, el programa incluye la instalación de 40 biofábricas, que funcionarán como centros de aprendizaje y producción de insumos, así como 300 sistemas de riego que contribuirán a mejorar la eficiencia agrícola y la resiliencia ante el cambio climático.
El proyecto cuenta con una inversión de US$15.5 millones de dólares, orientados a dinamizar las economías locales, fomentar el trabajo comunitario y promover prácticas sostenibles en el campo.

Representantes de la cooperación mexicana subrayaron que “Sembrando Vida” destaca por su alcance, al beneficiar directamente a miles de agricultores, lo que lo convierte en un programa de alto impacto social. Además, señalaron que contribuye a avanzar hacia la seguridad alimentaria y la soberanía productiva.
Beneficiarios del programa también resaltaron los resultados obtenidos, indicando que el aprendizaje adquirido les permitirá continuar fortaleciendo sus actividades agrícolas y asegurar el sustento de sus familias.
Con esta segunda fase, El Salvador y México reafirman su alianza en favor del desarrollo rural, apostando por un modelo que combina inversión, conocimiento y acompañamiento técnico para transformar las condiciones de vida en las comunidades.
