
El tamaño de una economía puede facilitar la participación sostenida en los principales escenarios del fútbol internacional, pero no garantiza el éxito competitivo. Esta es una de las principales conclusiones del estudio “Más allá de la cancha: el evento donde el fútbol mueve al mundo” conozca el estudio aquí, elaborado por EY Centroamérica, Panamá y República Dominicana.
De acuerdo con una estimación basada en datos del Fondo Monetario Internacional, cerca del 70% del Producto Interno Bruto (PIB) global se concentra en economías con participación histórica en el principal torneo internacional de fútbol. El análisis identifica una relación entre escala económica y constancia competitiva, aunque advierte que el rendimiento no aumenta de manera proporcional al tamaño de la economía.
Países como Alemania, Brasil, Inglaterra, Francia y España han mantenido una presencia constante, respaldada por inversión, infraestructura y sistemas de formación. No obstante, economías fuertes como Estados Unidos, Japón y Canadá muestran que los recursos, por sí solos, no aseguran el mismo nivel de desempeño. A su vez, economías medianas como Argentina, Colombia y Portugal evidencian que una gestión eficiente del talento y estructuras deportivas sólidas pueden compensar diferencias económicas.
El estudio de EY deja ver que, aunque los recursos crean condiciones, no aseguran resultados. La diferencia está en la capacidad de transformar la inversión en sistemas que desarrollen talento, profesionalicen las estructuras y sostengan procesos competitivos en el tiempo. Esa misma lógica se observa en las organizaciones y economías que logran convertir sus capacidades en crecimiento.
Una de las conclusiones de este análisis es que la economía habilita la participación sostenida, mientras que el talento puede explicar diferencias en el corto plazo. Sin embargo, el éxito se concentra en las selecciones capaces de combinar estructura, talento y consistencia, así como de convertir los recursos disponibles en sistemas eficientes de desarrollo y competitividad.
Además de su dimensión deportiva, el torneo internacional de fútbol de 2026 operará como una plataforma económica de alcance global. El estudio estima que podría generar USD $80.1 B en actividad económica, aportar USD $40.9 B al PIB global, crear más de 824.000 empleos y producir USD $9.4 B en ingresos fiscales.
La ampliación a 48 selecciones y 104 partidos incrementa la representación de nuevas geografías y abre oportunidades de monetización en mercados previamente subrepresentados. El impacto se extiende a sectores como turismo, hospitalidad, comercio, medios, transporte, alimentos, bebidas y electrónicos.
La capacidad de capturar ese valor, sin embargo, no se distribuye de manera automática. Mientras los países anfitriones asumen inversiones en operación e infraestructura, los principales ingresos del ciclo 2023-2026 se concentran en derechos de televisión, venta de entradas y acuerdos comerciales. Para ese período se proyectan ingresos cercanos a USD 11.000 millones, incluidos USD 4.264 millones por derechos de televisión, USD 3.097 millones por entradas y USD 2.693 millones por derechos de marketing.

En Centroamérica, Panamá y República Dominicana, la relación entre inversión y competitividad adquiere especial relevancia. Desde 1970, únicamente Costa Rica, Honduras, Panamá y El Salvador han logrado clasificar al torneo, con 13 participaciones acumuladas. La región mantiene importancia como audiencia y mercado en expansión, pero enfrenta restricciones para invertir de manera sostenida en formación, infraestructura y profesionalización.
Según la aproximación metodológica incluida en el estudio, el gasto público en deporte en la región suele ubicarse por debajo del 0,5% del PIB. La inversión limitada y desigual, junto con recortes presupuestarios, debilidad institucional o baja prioridad al deporte, reduce la capacidad de convertir el potencial del talento en rendimiento sostenido.
Panamá destaca como un punto de inflexión regional. Tras clasificar por primera vez en 2018 y regresar en 2026, el país ha consolidado una trayectoria ascendente respaldada por continuidad institucional, mayor estructuración de clubes, fortalecimiento de su liga local y creciente presencia de jugadores en mercados internacionales. El caso panameño demuestra que la competitividad no depende solo de cuánto se invierte, sino de la eficiencia con que los recursos se transforman en sistemas deportivos y talento con proycección.
El estudio también utiliza a Costa Rica como referencia ilustrativa del impacto económico asociado a la clasificación. Con base en estimaciones de la Universidad Nacional de Costa Rica, la ausencia en la edición de 2026 podría representar impactos directos de entre USD 14 millones y USD 25 millones, e indirectos de entre USD 50 millones y USD 70 millones. En años de clasificación, además, se ha observado un aumento temporal de entre 1% y 2% en el Índice Mensual de Actividad Económica; sin ella, ese impulso adicional no se materializa en la misma magnitud. Estas cifras no constituyen una proyección regional, sino una referencia para economías centroamericanas con características similares.
