
La noche del 31 de agosto, el distrito de Nejapa, en San Salvador Oeste, volvió a llenarse de fuego, emoción y tradición con la celebración de las Bolas de Fuego, una de las festividades más llamativas del calendario cultural salvadoreño.
El Parque Central de Nejapa y sus alrededores recibieron a numerosos visitantes que llegaron para disfrutar de este particular espectáculo, ya fuera como espectadores o participando directamente en una actividad donde el fuego y el agua se convierten en los grandes protagonistas.
Las llamas, el movimiento de los participantes y la energía del público crearon un ambiente festivo que caracteriza a esta celebración. Para muchos asistentes, la noche representó una oportunidad para vivir de cerca una tradición que cada año despierta el interés de personas de diferentes lugares.

Detrás de este espectáculo existe una historia que se remonta a 1658, cuando ocurrió la erupción del volcán de San Salvador en la zona conocida como El Playón. El fenómeno obligó a los habitantes de ese sector a trasladarse hacia el lugar donde actualmente se encuentra Nejapa, dando origen a una tradición que se ha mantenido durante generaciones.
Con el paso del tiempo, las Bolas de Fuego se convirtieron en una expresión cultural propia de Nejapa. La combinación de fuego y agua, junto con la participación de la comunidad, ha hecho que esta celebración sea reconocida por su particular forma de conmemorar aquel acontecimiento histórico.
Debido a las características de la actividad y a la cantidad de personas que asistieron, diferentes instituciones gubernamentales desplegaron equipos para acompañar la jornada. Protección Civil, el Cuerpo de Bomberos, la Policía Nacional Civil y la Fuerza Armada mantuvieron presencia antes, durante y después del evento.

El dispositivo incluyó atención prehospitalaria, monitoreo y capacidad de respuesta ante posibles emergencias. Mientras tanto, la PNC desarrolló patrullajes y acciones preventivas en calles y puntos de mayor concentración para acompañar el desarrollo de la festividad.
Así, entre fuego, agua, historia y participación, Nejapa vivió nuevamente una noche llena de tradición y espectáculo, manteniendo viva una celebración que forma parte de su identidad y que continúa atrayendo a visitantes cada año.
