
Las economías de América Latina y el Caribe registrarán un crecimiento promedio de 2,2% en 2026, de acuerdo con la más reciente actualización de proyecciones presentada por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Esta cifra representa una leve revisión a la baja frente al 2,3% estimado en diciembre de 2025, reflejando un panorama internacional más complejo de lo previsto.
Según el organismo regional de las Naciones Unidas, el menor dinamismo económico será generalizado en la región. De los 33 países analizados, 24 experimentarán una desaceleración en su crecimiento, mientras que solo siete mostrarán una mejora. De confirmarse estas proyecciones, América Latina y el Caribe acumularía cuatro años consecutivos con tasas cercanas al 2,3%, evidenciando una limitada capacidad de expansión económica.
Uno de los factores clave detrás de esta desaceleración es el deterioro del contexto internacional. La CEPAL señala que el aumento de las tensiones geopolíticas, especialmente en Medio Oriente, ha incrementado la incertidumbre global y la volatilidad en los mercados financieros y de materias primas. A esto se suma el encarecimiento del petróleo, cuyo precio promedio en abril se ubicó significativamente por encima de los niveles registrados a finales de 2025, generando presiones inflacionarias a nivel global.
El alza en los precios de los alimentos y la desaceleración de importantes socios comerciales como Europa, China e India también han influido en este escenario. Además, el comercio internacional muestra un menor dinamismo: la Organización Mundial del Comercio proyecta que el volumen de comercio global crecerá un 2,7% en 2026, por debajo del 4,7% registrado en 2025.
En este contexto, los principales bancos centrales han optado por mantener políticas monetarias más cautelosas, lo que ha derivado en condiciones financieras más restrictivas de lo esperado. Esto impacta directamente en la inversión y el consumo, dos motores clave del crecimiento económico.

A nivel interno, la CEPAL advierte que el crecimiento estará limitado principalmente por un menor dinamismo del consumo privado. Aunque la inversión muestra señales de recuperación, su avance sigue siendo moderado en la mayoría de los países. Esta tendencia ya se venía observando desde el segundo semestre de 2025, especialmente en las economías más grandes de la región.
El impacto también se reflejará en el mercado laboral. Para 2026, se estima que el empleo crecerá alrededor de un 1,1%, por debajo del 1,5% registrado en 2025. Paralelamente, la inflación regional podría superar el 3%, impulsada por el aumento de los costos energéticos, los alimentos y la volatilidad cambiaria en varios países, especialmente en América del Sur.
El desempeño económico será desigual entre países y subregiones. Nueve países lograrían crecer por encima del 4%, mientras que otros ocho se ubicarían entre el 3% y menos del 4%. En contraste, 13 economías crecerían por debajo de ese nivel y tres registrarían contracciones.
Por subregiones, se proyecta que América del Sur crezca un 2,4% en 2026, por debajo del 2,9% de 2025. En América Central, el crecimiento sería de 2,2%, ligeramente inferior al 2,3% del año anterior, aunque al excluir a Cuba y Haití, el promedio subiría a 3,9%. En el Caribe, el crecimiento alcanzaría el 5,6%, impulsado principalmente por el desempeño de Guyana; sin este país, el promedio regional sería considerablemente menor.

La CEPAL también advierte sobre riesgos que podrían afectar aún más estas proyecciones. Entre ellos destacan la persistencia de condiciones financieras restrictivas, el aumento de la inflación, la volatilidad de los mercados internacionales y la debilidad de la demanda interna en varias economías. A esto se suman factores estructurales como limitaciones en políticas económicas y debilidades institucionales en algunos países.
Finalmente, el organismo subraya que el actual escenario pone en evidencia desafíos estructurales en la región, como el bajo crecimiento sostenido y la alta vulnerabilidad a factores externos. En este contexto, considera fundamental fortalecer los motores internos de crecimiento, impulsar la inversión, mejorar la productividad y reforzar la capacidad de respuesta ante un entorno global cada vez más incierto
