
El Salvador podría sumar en las próximas décadas un nuevo proyecto turístico y cultural de gran escala. Se trata de Cristo del Pacífico, una propuesta independiente que plantea construir un monumento denominado “Statue of Unity for Central America” en la zona de Conchagua y La Unión, acompañado de un complejo turístico, cultural y económico con proyección hacia 2040.
La iniciativa, elaborada por Sharon Gal-Or, no cuenta actualmente con autorización de construcción ni representa un proyecto oficial aprobado. El documento la define como una estrategia en fase conceptual, cuya viabilidad dependería de estudios ambientales, técnicos, financieros, de demanda turística y de selección del sitio antes de realizar compromisos definitivos de inversión.
La propuesta contempla una inversión estimada de entre US$70 millones y US$145 millones, con un escenario base de US$100 millones para analizar su posible funcionamiento. El presupuesto incluiría la construcción del monumento, un parque denominado Unity Park, un centro de visitantes, infraestructura de agua y saneamiento, accesos, sistemas digitales y programas de desarrollo comunitario. También se plantea la posibilidad de construir un teleférico, aunque este componente estaría sujeto a estudios de factibilidad.
Más allá de la estatua, el proyecto propone desarrollar un ecosistema turístico completo. La idea es que los visitantes no lleguen únicamente a observar el monumento, sino que puedan recorrer espacios culturales, disfrutar del paisaje del Golfo de Fonseca, visitar comunidades cercanas, utilizar servicios turísticos locales y participar en rutas de varios días a través de una iniciativa denominada Camino de El Salvador.
Uno de los componentes más particulares de la propuesta es la creación de la Central America AI Memory Capsule, concebida como un archivo regional para preservar historias orales, fotografías familiares, idiomas, música, arte, registros ecológicos, relatos de migración y otros elementos de la memoria colectiva centroamericana. El documento plantea que los visitantes puedan explorar parte de este contenido mediante herramientas de inteligencia artificial, aunque los archivos deberían conservarse bajo estándares independientes y sistemas de respaldo.

El complejo también incluiría la denominada Embassy of Future Generations, una institución de carácter cívico y educativo, no diplomático, enfocada en promover el análisis de las consecuencias que las decisiones actuales tendrán sobre las próximas generaciones. Entre las actividades planteadas figuran asambleas juveniles, talleres de prospectiva, programas educativos y diálogos intergeneracionales.
Según el modelo presentado en el documento, la apertura podría producirse en 2031, con una estimación inicial de 300,000 visitantes durante ese año. La cifra podría crecer gradualmente hasta alcanzar 700,000 visitantes anuales en 2040. Sin embargo, el propio informe aclara que estas cifras son escenarios de planificación y no proyecciones definitivas, ya que deberán ser sustituidas por estudios profesionales sobre demanda y capacidad del destino.
En el escenario base, los ingresos generados directamente por el proyecto pasarían de aproximadamente US$6.2 millones en 2031 a US$16.9 millones en 2040. Estos recursos provendrían principalmente de accesos al parque, ascensos al monumento, actividades culturales, concesiones, eventos y, si fuera viable, el funcionamiento de un teleférico.
No obstante, el documento sostiene que el principal beneficio económico no debería concentrarse dentro del monumento. El modelo estima que, para 2040, los visitantes podrían generar alrededor de US$68.1 millones anuales en la economía local mediante gastos en alimentación, transporte, hospedaje, recorridos en lancha y actividades relacionadas con el Camino de El Salvador. La propuesta busca, de esta manera, que restaurantes, pequeños negocios, guías turísticos, artesanos y operadores locales participen en la generación de ingresos.

El proyecto reconoce, además, que la ubicación presenta importantes desafíos. El clima cálido, la disponibilidad de agua, la sensibilidad ambiental, las condiciones sísmicas y geológicas, así como la distancia desde San Salvador, son algunos de los factores que deberían analizarse antes de elegir el terreno definitivo. Por ello, la propuesta recomienda comparar diferentes sitios dentro de la zona de Conchagua y La Unión, en lugar de definir anticipadamente una ubicación específica.
La protección ambiental aparece como otro de los puntos centrales del planteamiento. El documento señala que el Golfo de Fonseca posee una importante riqueza ecológica, por lo que cualquier desarrollo debería cumplir con evaluaciones ambientales y considerar límites de capacidad para evitar impactos sobre los ecosistemas. También propone medidas relacionadas con el consumo de agua, manejo de residuos, iluminación, erosión y el crecimiento de la actividad turística marítima.
El modelo también contempla la creación de empleos. Las estimaciones preliminares plantean entre 280 puestos directos de operación durante la apertura y cerca de 420 en 2040, además de oportunidades vinculadas con el turismo y los negocios locales. El documento advierte que estas cifras son estimaciones de planificación y que deberán verificarse mediante estudios específicos antes de considerar cualquier proyección como definitiva.

La hoja de ruta propuesta comienza en 2027 con estudios de demanda, evaluación ambiental y selección de posibles sitios. Entre 2028 y 2029 se desarrollarían los diseños, los mecanismos de financiamiento y los preparativos para la construcción. La fase de edificación y apertura se plantea entre 2030 y 2031, mientras que los años posteriores estarían destinados a ampliar las rutas turísticas y fortalecer la integración de las comunidades locales.
La propuesta insiste en que el proyecto no debería avanzar directamente hacia la construcción. Antes sería necesario superar distintas etapas relacionadas con la legitimidad institucional, los estudios de mercado, la evaluación ambiental, la ingeniería, el modelo de gobernanza y la obtención de financiamiento. La autorización para construir, según el documento, debería ser el último paso y no el punto de partida.
De concretarse, Cristo del Pacífico buscaría convertirse en un nuevo símbolo turístico y cultural para El Salvador y, al mismo tiempo, impulsar el desarrollo económico de la zona oriental. Sin embargo, por ahora se trata de una propuesta independiente en etapa conceptual. Su futuro dependerá de la respuesta de las instituciones, las comunidades y los potenciales inversionistas, así como de la capacidad de demostrar que el proyecto es viable desde el punto de vista económico, ambiental, técnico y social.
