
El fortalecimiento de la relación entre El Salvador y el Fondo Monetario Internacional (FMI) podría abrir una nueva etapa para las finanzas del país y mejorar gradualmente su posición ante los mercados internacionales, de acuerdo con un análisis elaborado por Santander Corporate & Investment Banking, a través de Santander US Capital Markets. El documento analiza las posibles implicaciones económicas del acuerdo a nivel técnico alcanzado entre El Salvador y el FMI y plantea un escenario de eventuales mejoras en la calificación crediticia.
El análisis sostiene que el acuerdo no representa únicamente la continuidad del programa con el organismo internacional, sino que podría marcar una nueva etapa en el proceso de transformación económica durante el próximo mandato de la administración del presidente Nayib Bukele. Según Santander, existe un importante capital político para impulsar medidas de consolidación fiscal y reformas estructurales, lo que podría reducir los riesgos de ejecución del programa y favorecer una mayor confianza de los mercados.
Uno de los principales efectos económicos que plantea el documento es una posible mejora en la calificación crediticia de El Salvador. Santander considera que el fortalecimiento de las relaciones con el FMI podría generar condiciones para que las agencias calificadoras revisen al alza la nota del país, que actualmente se encuentra dentro del segmento de grado especulativo. Una eventual mejora permitiría acercarse progresivamente a categorías de menor riesgo y, a más largo plazo, incluso aspirar a una calificación de grado de inversión.
El banco de inversión plantea como referencia la trayectoria de Bahamas y estima que El Salvador podría avanzar de la categoría B a BB en un período de cuatro a cinco años, siempre que exista un historial exitoso de cumplimiento del programa del FMI. Para que esto ocurra, señala, también sería necesario acompañar el ajuste fiscal con iniciativas capaces de atraer inversión hacia sectores estratégicos y con programas de desarrollo social en áreas como educación y salud. Esta proyección corresponde al análisis de Santander y no constituye una garantía sobre futuras decisiones de las calificadoras.

Una mejora en la calificación crediticia tendría relevancia para las finanzas del país porque podría favorecer mejores condiciones de acceso al financiamiento. El análisis explica que los títulos de deuda salvadoreños han recibido una reacción favorable tras el anuncio del acuerdo técnico y que los eurobonos volvieron a acercarse a niveles más ajustados frente a otros emisores con calificaciones B y BB. Santander considera que una eventual mejora en la percepción de riesgo podría generar una mayor demanda por la deuda salvadoreña.
El documento también destaca la consolidación fiscal como uno de los principales componentes del programa. Según el análisis, el superávit primario del sector público no financiero acumulado durante los últimos 12 meses ya superaba el 2.3% del PIB hasta junio de 2026. Santander plantea que la continuidad del ajuste fiscal, junto con mayores ingresos derivados del crecimiento económico y una administración tributaria más eficiente, podría contribuir a alcanzar un superávit fiscal primario estructural de 3.7% del PIB.
Otro de los ejes señalados corresponde a las reformas estructurales, particularmente en el sistema de pensiones. El documento menciona cambios como mayores contribuciones y medidas para administrar la liquidez ante el incremento previsto del servicio de la deuda en 2027. También incluye reformas relacionadas con transparencia y gobernanza, así como el fortalecimiento del marco contra el lavado de dinero y el financiamiento del terrorismo y la publicación de declaraciones patrimoniales de altos funcionarios públicos.
Santander también identifica oportunidades de crecimiento en sectores como el turismo y la manufactura. El análisis destaca el desempeño de las llegadas de turistas y considera que una combinación de disciplina fiscal, reformas estructurales e inversión en sectores estratégicos podría contribuir a una transformación económica basada en mayor inversión y mejores indicadores sociales.

En educación, el documento menciona programas de inteligencia artificial y plataformas de aprendizaje desarrollados con apoyo del Banco Mundial, CAF y el Banco Interamericano de Desarrollo. Según el análisis, una evaluación PISA para escuelas realizada sobre una muestra de 1,198 estudiantes de 171 escuelas públicas mostró resultados en matemáticas, lectura y ciencias comparables con los de Alemania y Suecia después de 18 meses de implementación. Estos resultados, señala Santander, podrían servir como base para ampliar el programa a nivel nacional durante los próximos 18 meses, mientras que los siguientes resultados oficiales de PISA a nivel nacional están previstos para 2029.
El análisis considera que la combinación de consolidación fiscal, reformas estructurales, inversión y programas sociales podría generar una mejora de la calificación crediticia superior a uno o dos escalones dentro de la categoría B. También plantea que una relación más sólida con el FMI podría reducir los riesgos de ejecución y facilitar una convergencia gradual hacia países con calificación BB y, posteriormente, hacia niveles superiores.
Tras conocerse este escenario, el presidente Nayib Bukele reaccionó en X con la frase “Gradually, then suddenly”, que en español significa “Poco a poco, luego de repente”. La expresión fue utilizada en referencia al posible proceso gradual de transformación económica y mejora de las condiciones financieras descrito en el análisis.
En conjunto, el documento de Santander presenta un escenario favorable para El Salvador si el país mantiene el cumplimiento de las medidas contempladas en el programa del FMI. La expectativa es que una mayor disciplina fiscal y el avance de las reformas puedan mejorar la percepción de riesgo, favorecer la inversión y abrir el camino hacia mejores calificaciones crediticias. Sin embargo, el propio contenido corresponde a un análisis de mercado de Santander Corporate & Investment Banking y sus proyecciones deben entenderse como una valoración sobre el posible rumbo de la economía, no como una confirmación de resultados futuros por parte del FMI.
