
Hace 40 años, un grupo de empresarios comprometidos con el desarrollo de El Salvador, liderados por Luis Poma, creó la Fundación Salvadoreña para la Salud y el Desarrollo Humano (FUSAL), con el propósito de poner las capacidades empresariales al servicio del desarrollo humano. Desde 1986, FUSAL ha trabajado junto a comunidades en los 14 departamentos del país para responder a sus necesidades y contribuir a mejorar sus condiciones de vida.
A lo largo de estas cuatro décadas, la Fundación ha evolucionado de acuerdo con los desafíos de cada época, manteniendo una visión de largo plazo, una vocación de servicio y el compromiso de generar soluciones sostenibles. Actualmente, bajo el liderazgo de Alejandro Poma, FUSAL desarrolla su labor a través de cuatro pilares: Ayuda Humanitaria, Primera Infancia, Calidad Educativa y Desarrollo Local, con intervenciones integrales dirigidas principalmente a poblaciones en situación de vulnerabilidad.
“Llegar a 40 años es un reflejo de la solidez y la coherencia con la que FUSAL ha trabajado a lo largo del tiempo. Hemos sabido adaptarnos a las necesidades del país sin perder de vista nuestro propósito: poner las capacidades empresariales al servicio del desarrollo humano y trabajar junto a las comunidades para generar oportunidades que mejoren sus condiciones de vida”, afirmó Alejandro Poma, presidente de FUSAL.
Cuatro décadas de impacto
La trayectoria de FUSAL está marcada por su capacidad para movilizar recursos y articular alianzas nacionales e internacionales. A través de su Programa de Ayuda Humanitaria, la Fundación ha canalizado casi mil millones de dólares en medicamentos, insumos médicos, alimentos, equipamiento educativo y artículos de primera necesidad para hospitales, clínicas y organizaciones comunitarias en todo el país. Entre los aliados que han respaldado diferentes iniciativas se encuentran Banco Mundial, BID, UNICEF, Programa Mundial de Alimentos, OPS, Americares, Direct Relief, Food for the Poor y Free Wheelchair Mission, además de agencias de cooperación de Canadá, Estados Unidos, Alemania y Japón.
El sector privado también ha sido fundamental: además de aportar recursos financieros, las empresas han sumado conocimiento técnico, voluntariado corporativo y capacidades para ampliar el alcance de los programas. Un ejemplo fue el Fondo de la Solidaridad, que durante la pandemia de COVID-19 movilizó más de $2.1 millones para apoyar al personal médico que atendía la emergencia.

“Para FUSAL, generar impacto significa mucho más que responder a una necesidad inmediata. Significa trabajar junto a las comunidades, escuchar sus realidades y fortalecer sus capacidades para que los cambios puedan permanecer en el tiempo. Esa visión ha guiado nuestro trabajo durante estos 40 años y nos ha permitido construir relaciones de confianza con las familias, los aliados y las organizaciones con las que trabajamos”, explicó Karla Segovia, directora ejecutiva de FUSAL.
Hoy, FUSAL atiende directamente 223 comunidades y beneficia anualmente a más de 100,000 personas. Cada año, más de 600 voluntarios lideran espacios educativos para la niñez de sus comunidades, ampliando el alcance de los programas y fortaleciendo capacidades locales.
Los resultados reflejan avances en los cuatro pilares de trabajo. En los programas de lectura, el 91% de la niñez atendida mejora sus competencias de lectura, comprensión y fluidez. En Primera Infancia, el 59% de las comunidades atendidas están libres de desnutrición. En Desarrollo Local, las intervenciones integrales han logrado mejoras de hasta 3.6 puntos en el Índice de Progreso Social. Además, FUSAL canaliza anualmente más de US$32 millones en donaciones para fortalecer la atención de enfermedades crónicas y los servicios de salud, mejorar la calidad de vida de poblaciones vulnerables y brindar una respuesta oportuna ante emergencias.
Un impacto que permanece
Para FUSAL, el verdadero impacto es aquel que permanece en el tiempo y deja huellas en las personas y las comunidades. Por ello, su trabajo parte de escuchar las necesidades de cada territorio, respetar su cultura y formas de vida y construir soluciones junto a las comunidades, de manera que el conocimiento y las capacidades desarrolladas puedan mantenerse aun después de finalizada una intervención.

A lo largo de su trayectoria, FUSAL ha acompañado al país frente a crisis económicas, desastres naturales y emergencias de salud, al mismo tiempo que ha sostenido programas de largo plazo en nutrición, educación, desarrollo local y ayuda humanitaria. Esta combinación de respuesta oportuna y trabajo continuo ha permitido construir relaciones duraderas con comunidades, donantes, empresas y organizaciones aliadas.
“El progreso social es una construcción colectiva. La colaboración entre sectores abre puertas y multiplica el impacto, pero para que todos esos esfuerzos impulsen transformaciones duraderas se requiere algo más que buenas intenciones. Es necesaria la constancia, la disciplina, la adaptabilidad, la medición y el compromiso de trabajar por la gente aún cuando cambian las circunstancias.”, afirmó Alejandro Poma, presidente de FUSAL.
Después de 40 años, FUSAL continúa evolucionando para responder a las necesidades del país y fortalecer las alianzas que amplían oportunidades para las próximas generaciones. Su camino, construido junto a comunidades, voluntarios, colaboradores, donantes y aliados estratégicos, mantiene la mirada puesta en un impacto que permanezca en el tiempo.
